Schopenhauer miró el dolor del mundo con una lucidez implacable, pero confundió la coraza con la sabiduría. Decir que "no hay que ayudar porque te traicionan" es entregarle la llave de tu centro a la acción de los demás.
Solo aprendió desde el dolor a construir una fortaleza intelectual para evitar las heridas por los roces, tanto con mujeres como con otras personas.
"Todo su sistema filosófico es una arquitectura intelectual construida para justificar la desconfianza, el aislamiento y el miedo a ser herido".
Tal como hace referencia Schopenhauer sobre las mujeres, es superevidente la herida de la infancia con su madre, lo cual proyectaba una sombra y un ánima no integrada. Por lo tanto, se refleja en sus escritos esa forma no sana de relacionarse. Al no integrar su principio femenino, transformó el dolor de la herida emocional en un dogma filosófico de desconfianza y aislamiento social.
Tanto en su visión sobre la ayuda a los demás como en su postura hacia las mujeres, el mecanismo es idéntico: "Si me abro, me hieren o me usan; por lo tanto, la sabiduría es cerrar el corazón y construir una fortaleza mental". Es un nivel de conciencia reactivo que busca autoprotegerse catalogando al otro como "enemigo" o "traidor".
Me queda muy claro que este filósofo permaneció en una frecuencia de la cual no se permitió salir. Quedó atrapado como en la cueva de Platón, observando sombras en la pared que él mismo construyó dentro de sí y dejándose engullir por los monstruos que le acechaban en las noches.
Cuando la ayuda o el amor nacen con la expectativa secreta de no ser heridos, no estamos amando; estamos haciendo un pacto de seguridad. La verdadera libertad espiritual empieza cuando comprendes que la traición habla del nivel de conciencia del otro, mientras que tu capacidad de dar habla de la riqueza de tu propio ser.
No se trata de ser ingenuos frente a las máscaras del mundo, sino de ser tan conscientes que ninguna sombra ajena apague tu naturaleza.
La verdadera madurez espiritual no consiste en blindarse para que nada nos toque, sino en expandir la conciencia para que nada nos desestabilice. Quien cierra su corazón para evitar la traición, termina traicionando su propia capacidad de amar y de servir.
Trascender el egregor del victimismo implica comprender que el comportamiento ajeno pertenece al proceso del otro, mientras que tu luz, tu capacidad de dar y tu paz interior son tu absoluta responsabilidad. No vivas en la cueva protegiéndote de las sombras; enciende tu propio centro y camina con la serenidad de quien sabe quién es.
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